poema al dios del este

solía dibujar con carbón como mi padre
a él le encantaba escalar la realidad
sus retratos eran como el perfume de la velocidad
  recuerdo los ojos cristalinos de jesús
la boína estrellada de el ché
la coherencia de todos los grises
descendiendo de la noche
por una fina escalera

a mí los caracoles y las flores de algún lugar
me provocaban imitar la realidad
ahora prefiero subrayar los detalles
que me sirven para hacer daño al que hace daño

él está en la calle rodeado de gente
y yo estoy en la calle rodeado de cosas
cada una en un contexto brillante
los corazones de la gente
emiten un espléndido soplo invencible
que las palabras absorben en tu cuerpo
por un frágil instrumento de viento

solía dirigirse a los demás cuando era sindicalista
antes de convertirse en mi padre
y cuando yo tocaba la quena 
mi mirada apuntaba más allá
a mí me parecía perfecto
ahora prefiero escuchar los zumbidos de los demás
por las ventanas de mis sueños pendientes

él está en una guerra
y yo estoy en cada pensamiento suyo
procurando no quemarme mientras llego
dibujando en un pentagrama lo que no hay
y cada nota es como un grano de azúcar en el mar
un pedazo de amor silencioso
la estrella caída de su celeste pedestal
ha dejado una hebra de carbón en su habitación

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